Desde que tengo uso de razón quiero viajar. La sensación es inexplicable, el deseo y la convicción de que yo TENÍA que ir sí o sí a Canadá, Escocia, Irlanda, Rusia, etc. etc. etc. eran muy fuertes, casi como un mandato divino y no como un gusto personal. Supongo que es lo mismo que le debe pasar a todos los viajeros. Se vive no como un sueño lejano, sino como una urgencia imperiosa que uno no tiene opción de desescuchar.
